Dear Paul

DEAR PAUL
L. Soriano
Me siento casi un hereje, tratando de hacer una glosa elegiática de tu inmensa aportación al mundo de la Economía. Yo personalmente, me enfrenté con pavor a tu libro de 1º de Economía en la Complutense de Madrid. El Samuelson. Pavor este que duró sólo unos minutos ya que desde el primer momento que lo empecé a estudiar, me sentí identificado con tu sencilla manera de hablar de Economía, “La Ciencia de Predecir el Pasado”. Tu perfecta explicación de la Teoría de la Oferta y la demanda, tan amena y didáctica, salpicada de aquello de “cañones o mantequilla”, nos hizo entender que no nos habíamos equivocado en la elección que habíamos hecho en cuanto a que dedicar nuestro esfuerzo y nuestra vida.

Tu Genial teoría de la Propensión y la utilidad Marginal, explicada por un profesor poco brillante pero simpático, de comer un manzana o comer 30, y que la utilidad es decreciente ya que a partir de la 2ª o 3ª, no se consigue utilidad sino indigestión. La Teoría del valor relativo, agua y diamantes y tu sencilla explicación que en el desierto lo que no se puede beber tiene un valor relativo si no se encuentra agua. Ya que a grandes rasgos lo que se valora y aprecia, es lo que escasea, si es vital. Tu “ larga” vida de la que disfrutamos todos, fue un ejemplo de constancia y tenacidad, pero también tuviste la fortuna de que al entrar en Harvard, pudiste conocer y beber en las fuentes de Schumpeter, Leontief y hasta Hansen. Que lujo. Salvo Alejandro Magno que contó con Aristóteles, eras el más afortunado de los mortales al tener a tu lado a semejantes “monstruos” de la economía y del pensamiento lógico. Tus merecidos premios, basados mayormente en el de las tres preguntas básicas que tiene que responder todo sistema económico:
  1. - Qué bienes y servicios (y en qué cantidad) se van a producir
  2. - Cómo se van a producir esos bienes (utilizando los factores de producción: tierra, trabajo y capital)
  3. - Y, por último, para quien se van a producir.
Y qué decir de la Teoría del Consumidor, tu que fuiste el pionero en la teoría de la Preferencia revelada que es un método por el cual es posible discernir la mejor opción posible y, por tanto, definir las funciones de utilidad del consumidor observando el comportamiento. 1970, tu gran año, el de tu Nobel, el de tu mundial reconocimiento por tu contribución a elevar el nivel analítico de la economía a grandes rasgos, exponer tus principios Neoclásicos, la famosa Síntesis neoclásica salpicada de principios keynesianos, generalizar y aplicar métodos matemáticos desarrollados para el estudio de la termodinámica a la economía, fueron definitivos. Y tu obsesión por el Welfare State, la sociedad del bienestar y todo lo que lo ayudara. 

Tu mensaje monetarista con el que coincido, me obliga a no dejarme la joya de tu pensamiento desde mi modesto entender, y que clarifica tu obsesión por que no interviniera, o lo hiciera mínimamente, el Estado en la Economía y son estas perlas:
  • El mercado produce la mejor asignación de recursos. Ningún funcionario actuando discrecionalmente, puede obtener otro resultado que no sea una distorsión o una ineficiencia o un retraso en el desarrollo tecnológico. 
  • Nada afecta más a la eficiencia, que la inestabilidad en los precios, sea inflación o deflación 
  • La economía sería estable, de no ser por las intervenciones de los gobiernos. 
  • Sólo reglas monetarias permanentes y estables hacen a una economía estable. 
  • Sólo reglas monetarias permanentes y estables crean expectativas favorables. 
  • Sólo reglas monetarias permanentes y estables impiden a los políticos las manipulaciones. 
No aceptaste quedarte de profesor en Harvard, aunque te lo propusieran con vehemencia, porque sabías de sus prejuicios, fuiste el prototipo de “I did it … my way”.

Good farewell Paul, y cuando te encuentre a Milton no le afees su pensamiento, solo posible con un gobierno fuerte capaz de poner en cintura a los agentes sociales, políticos y corruptos, que él no sólo teorizaba, también actuaba.

Humildemente, tu alumno.

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