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LICURGO DE ESPARTA


Los espíritus
Violeta Yangüela


Cuenta la historia, o quién sabe si la leyenda, que hace miles de años existió una ciudad-estado griega que se llamó Esparta y un señor de nombre Licurgo que sería hoy como su padre de la patria. Licurgo se las traía pero también se las llevaba Como no pudo convertirse en rey, apareció un sobrino heredero por lo que el tío se convirtió en el poder detrás del trono. Hoy ese cargo se llama asesor y algunas veces estos asesores presidenciales de la modernidad también se las traen y sobre todo se las llevan.

Lo primero que hizo el señor Licurgo fue visitar el Oráculo y el Oráculo le dijo que el Estado que siguiera sus leyes sería famoso en todo el mundo. Y la profecía de Delfos se cumplió. Primero, en las ciudades con el nombre de Esparta que se repiten en la geografía y segundo en los mandatos divinos de los abundantes Estados de la actualidad.

Cargado con la mochila del mandato divino, determinó que las leyes no se escribirían sino que se “imprimirían” en las mentes de los ciudadanos a través de la educación y si la educación era buena, la ley escrita era superflua. En tiempos modernos a esa educación le llaman lavado de cerebro en idioma cervantino o brain wash en lenguaje shakesperiano. ¿Por casualidad recuerdan el experimento en Camboya?

La esencia de las leyes era el desprecio de lo cómodo y de lo agradable por lo que tomó medidas económicas, monetarias, sociales y militares que se correspondieran al cuerpo ideológico de su doctrina. Todo un programa de gobierno. Adelantado el hombre.

Entre las medidas monetarias prohibió la importación de oro y las fabricó de hierro. Con ello suprimió su valor intrínseco y por tanto el atesoramiento. Realizó una repartición de tierra de manera igualitaria, convirtiendo el mérito y no el dinero en la virtud del hombre y determinó que las comidas debían ser públicas, al mismo tiempo y sin diferencias. ¿Padre de la Reforma Agraria? ¿La uniformidad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o los uniformes gris/azules de la Revolución China?

Por considerarlas como una plaga y temeroso de las influencias externas que pudiesen influir con sus ideas y leyes, decretó la prohibición de los viajes y de las visitas externas. Casi se puede asegurar que Licurgo fue el primer globo fóbico de que se tenga noticias. Y como el comercio y lo que hoy se llama industria estaban prohibidos, no había intercambio comercial que realizar. ¿Proteccionismo comercial, ideológico y cultural?

Dicen las malas lenguas que en una ocasión le propusieron construir una muralla para proteger la ciudad-estado, algo así como la que construyó China unos miles de años después, y respondió: “una pared de hombres es mejor que una pared de ladrillos”

Esparta no necesitaba murallas construidas. Su organización militar era la muralla que junto a su geografía se encargaba de la protección y de la preservación de su marco conceptual e ideológico. Por lo tanto, la militarización de los ciudadanos era el objetivo de la nación. ¿Hitler y Stalin, tan sólo imitadores?

Esparta, la ciudad-estado fue vencida por la fuerza y enterrada en el olvido pero parecería que el espíritu de Licurgo no ha muerto y que como dicen los dominicanos se encuentra “vivito y coleando” paseándose por los espacios de algunas de las ciudades-estados de la hoy aldea global.

¡Zafa, cuidado con los espíritus!
v.yanguela@codetel.net.do

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