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Reforma laboral


REFORMA LABORAL.-                                                                                                         L.Soriano

Po supuesto que como economista estoy convencido de que la reforma laboral tan demandada no va a provocar un incremento de la contratación inmediata y milagrosamente. Para que se den las contrataciones deseadas tendrán que cambiar decenas de leyes, hábitos insólitos, absurdos derechos y confiscatorias obligaciones.   Tampoco las subvenciones sesgadas y partidistas aunque previsibles serán efectivas. Antes al contrario subvencionar a un grupo determinado empeorara la situación de los ya establecidos y que no gozan de ese beneficio por razones absurdas de veteranía o antigüedad. Lo único que me ha gustado del Prisaico ministro de cultura amigo de Gabilondo y asiduo de la SER, es lo que le han colado entre los papeles de que habrán subvenciones al cine pero para todos y en el impuesto sobre la renta o sociedades. Esto es, financie su película, idea u obra, consiga éxito, y de los beneficios  el Estado le exonerara de impuestos, sea quien sea y pertenezca o no, a grupo o secta. Deberían extrapolar esto a la economía en su conjunto.  La reforma laboral solo se resuelve con una subida de salarios encubierta, como es encubierto todo en este país. La seguridad social obligatoria es un impuesto altísimo encubierto. La reforma laboral va por el mismo camino. Tienen la manía desde hace siglos de que somos incapaces e insolventes como seres humanos. Jefferson ya marcaba la diferencia y la Constitución americana es buena prueba de ello. Aquí, administra el Príncipe los haberes de los disminuidos ciudadanos para gastarlo en lo que ellos decidan con su “superior” conocimiento y voluntad. Así, en vez de dejar que los empresarios le den al ciudadano el fruto total de su trabajo, le obligan a distraerle un 40% para el Estado en forma de aportación a la SS. Cuando después de haber pagado miles de euros obligatoriamente durante decenas de años, nos dicen que esto está quebrado, que no hay para todos, y que nos olvidemos de lo que hemos aportado, copagos y demás zarandajas, la sensación es horrorosa.  Estafados.                                                                                                           Ahora, con el despido libre, si se diera, el empleado estaría liquidado al minuto y será libre de administrar su peculio sin que sea el empresario el que se lo quede, se lo administre, no lo repercuta en el costo de lo que produce o vende, y después quizás, no pueda pagárselo. Es el miedo a la libertad. A que el individuo  sea dueño de sus actos, a que seamos mayores de edad y carguemos con nuestras consecuencias y la de nuestras decisiones. Solo así maduraremos como ciudadanos. El Estado daría una cobertura alta para discapacitados, dependientes y los verdaderamente necesitados, siempre y cuando no tenga nada de donde responder.  Y una básica, digna, para el que no haya querido prever ni planificar su vida.  Es el único sistema que funciona.    Lo demás no se sostendrá, es pura fantasía demagógica de dictaduras o ideologías fracasadas, protectoras y valedoras de derechos colectivos no individuales.             Está reñido con la libertad y la democracia plena y además es inviable. Así pues, nada de retenciones, que el individuo afronte sus obligaciones pero que reciba todo el fruto de su trabajo. Nadie administra nuestro dinero mejor que nosotros mismos, lo demás ya se ha visto se torna en corrupción, despilfarro y derroche, así como amiguismo y cambalache.      A reflexionar.




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