DOREPRAC
L soriano
Gonzalo era un muchacho muy especial, rondaba los 40 años…y
pico, tenia una hija de unos 14 años, a la que quería con locura y era
altamente correspondido. La paternidad y la filialidad hay que ganarla, y cada
día. Y no es fácil. Llevaba ya encima 2 divorcios complicados y una vida de
trabajo agobiante y de gran actividad. Pero a el no le pesaba. Nunca estuvo de
mal humor por el trabajo. Se decía de el que a las 8 de la mañana ya le había
dado la vuelta a la isla. Si, vivía en una isla. De atlántico, de clima suave y
llena de turistas. Sin embargo él tenía poco tiempo para amoríos, hasta ese
momento las mujeres le habían dado la mayoría de sus problemas. Desde su madre,
sus suegras, sus dos matrimonios fallidos, con mucha tensión y juzgados, estaba
algo aislado del “ambiente”. Sin embargo y así y todo, no era alguien que
pasara desapercibido. Tenia un muy buen aspecto. A veces subía algo de peso, y
aunque era alto y bien parecido, procuraba siempre bajar unos kilos y
mantenerse. Por lo que entre su aspecto, su bonhomía y ….sus coches caros,
sabía que tenía a algunas admiradoras que trataban de salirle al paso. Los
coches le gustaban y como desde el principio el dinero no fue su gran problema,
los cambiaba con frecuencia.
Los aeropuertos eran uno de sus lugares más frecuentados. Aunque
también los puertos entre islas. Territorio fragmentado, le hacía tomar avión o
barco, semanalmente, entre islas, hacia la península a las fábricas, y a las numerosas ferias del
extranjero también. Así pues pasaba algún tiempo con el personal de tierra de
los aeropuertos. Y siempre hizo grandes amistades. Él era un ejemplo de
pasajero amable, agradable, risueño y feliz. Y le devolvían su comportamiento
con lo mejor que le pudieran ofrecer
Un día me comentó que una de las azafatas de tierra, con la que tenía gran confianza, tomando un café, se confesó y le dijo que le extrañaba que no tuviese pareja, que ella sabía que no era candidata, lo cual-me dijo al contármelo-, no era exacto, ya que su comportamiento con las mujeres siempre fue el dejar que ellas dieran el paso. En este asunto he de decir que se llevó muchas sorpresas de algunas que le decían cosas como “ Yo sé que tú me quieres… pero no te atreves a decírmelo….” Y cosas por el estilo. Y siguiendo la conversación, le dijo: tengo una amiga que te viene perfecta, quiero presentártela porque estoy seguro de que es la mujer para ti. Me comentó que no se lo tomó en serio, pero le picó la curiosidad. Así pues a la semana siguiente, al retirar la tarjeta de embarque con su amiga, esta le dijo – te voy a dar su teléfono, y no me digas que no y llámala, la está esperando-. Se llama “Doreprac”. Si si, ese es su nombre. Trabaja para el Gobierno en un alto cargo , tiene dos hijas ya granditas y está divorciada. Tiene 45 años.
Dejó pasar tres días, truco de galán para fomentar la
intriga de quien espera la llamada, y llamó. Me contó que recibió la llamada
con alegría y que pensaba que ya no llamaría. El alego, las ocupaciones de su
ajetreada vida como excusa y quedaron el fin de semana para verse y conocerse
en persona. Y allí que se vieron en el Parque municipal, como los novios
antiguos. Sinceramente, y lo digo porque yo también la conocí, era una preciosa
mujer. Porque era una mujer, no era un jovencita, ni una niñata, ni una
estirada ni nada por el estilo. Era una gran mujer. Recientemente se había
operado el pecho, le confesó, porque quería dedicarse a ella en esta etapa. Ya
había dado todo y tanto por su matrimonio, por sus hijas y por su trabajo y
necesitaba sentirse bien. Gonzalo pensó que le había tocado la Lotería, me
comentó al narrarme el encuentro. Gonzalo tenía una seria y preocupante tendencia para arrimarse a
“ovejas descarriadas”. Ya que como buen jesuita también, como yo mismo,
tratábamos de salvar a las mal encaminadas, siempre que fueran bonitas y
educadas, por cierto. Pero
Doreprac, no cumplía con el perfil y eso, me confesó le atraía mucho más.
No seré yo quien narre aquí las relaciones íntimas de uno de
mis mejores amigos, pero para rellenar con sinceridad el relato, diré que a
pesar de tener dos hijos y haber estado veintidós
años casada, las primeras relaciones que tuvieron, para ella, fueron para
dirigirle comentarios como “recordaré esto el resto de mis días”. O que “mi
marido muy cariñoso no era” Gonzalo estaba siempre muy preocupado y
precavido ya que había tenido experiencias complicadas con novias y embarazos, simulados, no suyos o reales, le hacían ser algo retraído en
cierto tipo de sexo. Pero tenía unas técnicas
que según decía, con ellas nunca dio malos conciertos. Todas las parejas
que le conocí, estaban bastante satisfechas. Un dia Gonzalo estaba en Madrid en
una feria, y yo me quedaba en el piso de mi hija, que estudiaba en Madrid, que era pequeño pero
muy céntrico, pues había ido a un acto Rotario. Cuando me llama Gonzalo y me
dice, que no iba a venir al acto al que yo le había invitado, en el casino y de
gala, porque Doreprac se había presentado en el hotel donde él se alojaba cerca
del Aeropuerto y de IFEMA. Había ido en misión del Gobierno a una reunión en el
ministerio.
Doreprac había aprovechado para en Madrid contarle parte de
su vida. Y aquí está el relato, o lo que puedo contar como homenaje a una
extraordinaria mujer.
Doreprac y una íntima amiga habían ido a Madrid a estudiar
en la Universidad. Estaban juntas en una residencia de Moncloa. Y allí en los
ambientes de Madrid, conocen a unos muchachos de las Islas entre los que
destacan dos de ellos que también Vivian juntos en un apartamento por Rosales.
No estaban lejos, congeniaron y finalmente se hicieron parejas. La amiga no duró
mucho con la suya pero ella sí, al parecer se enamora de ese muchacho y acaban casándose. La amiga, acaba casualmente, con un amigo del
marido, distinto del de Madrid.
Tuvieron dos hijas. Ella con su prudencia y buen carácter,
vivía una vida de trabaja y de cuidado de las niñas, el emprendió un negocio
que al fallarle, la enredó a ella que actuaba como avalista. Fueron tiempos
duros, donde casi pierde su casa también pagada con su sueldo. Aún así nunca
perdió su sonrisa ni su categoría personal.
De repente su marido, le dice que se va de casa y le pide el divorcio. Va a irse a una
inmobiliaria con el amigo de la universidad, y que además-le confiesa- que son
pareja. Y lo son incluso desde que se conocieron en Madrid. Una bomba
nuclear. A
Doreprac se le viene el mundo encima. Y su amiga le confiesa que su pareja de
la que se separa, también ha sido denunciado por abusos y acoso a un empleado de la empresa donde es gerente,
y que es la segunda vez. En la primera lo salvo su declaración pero ya de la
segunda no pudo zafarse. Así y todo
Doreprac, acepta ir cada año a visitar a los padres del ex marido, a quienes
les ocultan la nueva situación, durante varios años. Para rematarlo, la hija
pequeña tira por el padre haciéndole la vida mucho más difícil. La amiga
finalmente se une a un “aristócrata” comercial, venido a menos y que deja a su
mujer para irse con ella. No obstante tener dos hijos juntos, acaban separados
y ella se va a vivir con un arquitecto conocido. Sin embargo Doreprac se encuentra atrapada,
en una vida desperdiciada y un futuro muy oscuro. Por si esto fuera poco, por
casualidad en el lugar de trabajo, presencia una actividad inapropiada entre un
alto cargo y una secretaria, por casualidad y la condenan al ostracismo
laboral, donde vegeta si casi ocupación
alguna. Es cuando se dedica a cuidarse y a descansar además de tratar de buscar
una segunda oportunidad en el amor.
En esas circunstancias pues, es cuando conoce a Gonzalo, con
quien durante una temporada como de dos
años, hacen una vida que a ella le resulta la más agradable de su vida hasta
ahora. Gonzalo tenía una finca preciosa en el Norte de la Isla , con casa
antigua, chimenea, animalitos y vino con lagar propio. Allí, disfruto muchísimo
y fueron unos tiempos idílicos que nunca había conocido.
Todo esto se viene abajo desgraciadamente. Ella siempre
atenta a ayudar y a colaborar, participa en una asociación de asistencia y
ayuda a drogadictos para salir de su
adicción. Y no se lo ocurra otra que llevar a su hija pequeña. Con
aproximadamente 16 o 17 años. Allí
conoce a un joven que parece rehabilitado, pero, no es asi por desgracia y la
arrastra a ese oscuro mundo. Gonzalo le pide que sea más estricta con ella,
pero es incapaz de hacerlo y la deriva de la hija empeora. Gonzalo no soporta
la relación y me pide consejo. Yo no doy consejos, el lo sabe
“aconsejar…disminuye al aconsejado”. Y es tan arriesgado ser estricta como ser
laxa. Es un problema donde solo la
suerte en encontrar el camino adecuado puede llevar a conseguir el éxito.
Fue el final de lo que pudo ser una bonita historia. La Historia de una persona extraordinaria a la que la vida puso a prueba en demasiadas ocasiones y circunstancias. Hace unoa meses me llamó Gonzalo. Me pregunto si estaba en la isla, y al confirmárselo me pidió que le acompañara al funeral de Dorepac. Allí estaban sus familiares y la persona con la que vivía últimamente. Curiosamente, nos saludó y entre sollozos nos comentó que al día siguiente tenían una fiesta.
Gonzalo me ha pedido que le haga esta
reseña como homenaje y como recuerdo por su reciente fallecimiento. Para que
quede constancia de una vida extraordinaria.
Tenerife 2026








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