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DECISIONES


DECISIONES.-  L. Soriano

 

La vida desde que nacemos está configurada por una serie de decisiones que tomamos cada día, a veces de un modo automático y otras de modo meditado o por impulsos y emociones. Al principio las toman por nosotros nuestros progenitores o tutores hasta que pareciera que ya teníamos entendederas para decidir y nos lanzamos como los pájaros del nido, a la vida real. A disfrutar y a sufrir.

Hasta no hace mucho, se nos educaba en los valores, en el esfuerzo, en la honestidad, en la integridad y en el ahorro. Con esos valores muchos países se han configurado en potencias y  han logrado para sus ciudadanos altísimas cotas de bienestar. La base de ello era la propiedad privada.  Sagrado elemento que movía a las personas a sacrificarse  por tener algo propio en esta vida logrado con el esfuerzo y la tenacidad. Luego de los fracasos de las ideologías totalitarias, habíamos llegado a la unanimidad más absoluta en lo que se refería a lo que se debía y lo que no se debía hacer. Desde Esopo y pasando por La Fontaine y Samaniego, estaba claro donde debíamos de situarnos. Donde la Hormiga no donde la cigarra.

Desde el final de la”Edad del trueque” y con los mercantilistas Venecianos posteriormente, se puede empezar a acumular la riqueza obtenida con el esfuerzo, ingenio, habilidad u otras actividades especiales o no.                                   En los momentos actuales, la acumulación de capital se produce por varias vías. Inmuebles, artículos o valores negociables o liquidables, arte, y dinero en efectivo, siendo este ultimo el mas liquido, y el primero el que más tarda en convertirse en efectivo. Los gobiernos siempre han tratado de interponerse en el camino de los creadores de riqueza para detraer “una parte” de las ganancias obtenidas en las actividades, según ellos, para el Gasto Publico imprescindible que incluye el gasto social y servicios prestados a los ciudadanos.

Los individuos que han conseguido con su honesto trabajo y a pesar de las tremendas tasas fiscales soportadas, formar un patrimonio, tienen que tomar decisiones rápidas para no perder el fruto de su esfuerzo. Parecía ser que lo que había que hacer era intentar vender lo que se pudiera para atesorar liquidez que permitiera vivir y abordar inversiones ventajosas cuando se produjeran.  Como dicen los expertos, si todos nos desendeudamos el mundo financiero se acaba, y esto, los políticos tan poco brillantes no supieron verlo. En el ánimo de despojarnos de la mayor parte de nuestro esfuerzo, atacaron a la propiedad inmobiliaria, llenándola de impuestos y de trabas legales, se pincho la “burbuja” y se destruyo el mercado inmobiliario, principalmente, por no seguir la ley de la sostenibilidad. El dinero se refugió en la bolsa, en el arte y en efectivo o metales preciosos de liquidez igualitaria. Al hundirse la bolsa de nuevo por los errores políticos devenidos en la enorme crisis no reconocida, en el gasto publico exorbitante y en la imposición confiscatoria, el dinero se atesora en depósitos considerados seguros, mayoritariamente por el alto valor de los metales y por el alto precio del arte de primera línea. Los depósitos finalmente no parecen ser un sitio seguro en absoluto, ya que desde los planes de pensiones con una pérdida media del 35% hasta las “preferentes” con perdidas por encima del 60% han arruinado a miles de personas inocentes.

Ante este panorama, los gobiernos que no han reducido un ápice su estructura de gasto público, aunque cada vez sea menos social, deciden hacer un ensayo en Chipre y directamente les meten mano a los particulares con depósitos- dicen por ahora- de más de 100.000 euros. Como si los que tuvieran más de esa cantidad se merecieran perderlo por “capitalistas malvados”. Sabiendo además que tres semanas antes decenas de aviones particulares salían de Larnaka con cientos de millones al amparo de la ley de Libre circulación de capitales que por cierto no se ha derogado aun en Europa. Así que a los que les robaran para pagar sus desmanes son a los de siempre, a los pequeños ahorradores que acumulan un tremendo capital equiparable al emolumento mensual real de la mayoría de los eurodiputados.

Así las cosas, y dado que consejos no doy porque disminuyen al aconsejado, creo que la mejor opción es volver a la compra ordenada y meditada de propiedades inmobiliarias, bien situadas y bien construidas. Tarde o temprano el mercado se estabilizara a pesar de los políticos y de sus políticas y además de poder disfrutarlas son difíciles de ser expoliadas por “decreto” como el efectivo o valores. Comprar con sentido común vuelve a ser la mejor opción para el refugio de los ahorros de una familia, para el disfrute del éxito de una buena gestión o para premiar una creatividad especial. Elija un buen lugar, un buen entorno que le satisfaga, escoja una buena propiedad a su medida, ponga a recaudo su dinero y mientras disfruta de ella, las cosas seguro que cambiaran, a pesar de ellos.

A reflexionar.

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