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Enfoque

L. Soriano
Agradezco vivamente los comentarios a mis humildes escritos, si bien no se me oculta que millones me ignoran, me importan más, como es natural los que me los comentan.
De entre ellos, hay un grupo importante que regularmente me “aconsejan” que suavice el mensaje, que modere las críticas y que sea posibilista en mis demandas.
Así –aseguran- mi “mensaje”, llegaría a más personas, y sería más cercano a lo políticamente correcto, dándole un contenido más “buenista”.
Siguiendo al gran dramaturgo Francés, E. Ionesco, también estoy de acuerdo con que “pensar en contra de la corriente de los tiempos es heroico, atreverse a comentarlo, simplemente una locura”.
Estás magníficas personas, de toda condición, ya lo adelanto, como la inmensa mayoría de los españoles de la que son una muestra importante, creen que el escenario no se puede cambiar. Que se debe cambiar, que se tiene que cambiar, pero que es imposible cambiarlo, entre otras cosas porque los que tienen que cambiarlo no lo harán al suponer esto su desaparición de la economía improductiva.
Y sobre todo su convencimiento está en que es una batalla perdida y que de conseguirse algún día, ya que están de acuerdo en el fondo y en lo fundamental, sería muy lejano el momento.
Con esta visión, jamás se hubiera cambiado nada en este mundo, ni el racismo, ni el voto femenino, ni la esclavitud siquiera. Y esto no es un reto tan elevado, créanme.
“We can do it”.
Es  únicamente el enfoque el que hay que cambiar, el paisaje, el decorado y sobre todo, el espíritu. Claro que parece una inmensa tarea que desaparezcan los privilegios y los privilegiados en general, pero hay cosas que si podemos cambiar. Sólo falta que lo intentemos y que queramos de verdad cambiarlo. Que estemos convencidos, que estemos decididos y lo más importante, que estemos unidos en la consecución del objetivo. Chesterton decía “todos navegamos en una terrible tormenta, y nos debemos absoluta lealtad”. Esa sería nuestra fuerza y lo más difícil de conseguir. Evitar que no nos dividan con prebendas, prebenditas y piedras de colores. Canonjías y agua de fuego, pan y circo, subvenciones y limosnas “sociales”.
Tenemos puesto el foco en que vamos a volver a la situación anterior. Hay quien incluso, dan fechas a una recuperación que “suponen” se tendrá que dar porque así deben de ser las cosas y la ley de las probabilidades. Es como decirnos que juguemos a la Lotería y quizás algún día nos toque.
Cuando hablo de desmantelar las Autonomías, de la aproximación a lo simbólico de los Cabildos, Diputaciones, Cámaras, Sindicatos y Asociaciones Empresariales y Sociedades Estatales financiadas con impuestos. Cuando hablo o escribo de agrupar Ayuntamientos y reducirlos a menos del 25%, sí, de cada 100, reducirlos a 25. Cuando trato el tema fiscal- confiscatorio- de la desaparición de los impuestos directos y de la mayoría de los que frenan la economía y su desarrollo como los de los combustibles, los a cuenta, los que no son aplicados a ganancias efectivas sino a entelequias, transmisiones, incrementos patrimoniales en valores en caída libre, Ibis y de matriculación, rodajes y decenas de otros tan absurdos o más, que no tienen en cuenta que lo que sube puede bajar, como está ocurriendo, y que la contratación de puestos improductivos por motivos electorales o de clientelismo, que no tienen reverso, por no estar previsto ni poderse plantear siquiera. Cuando hay que cerrar empresas porque si se carga al precio lo que realmente cuesta el trabajador, aunque él no lo reciba, nos salimos del cuadro competitivo. La única salida que ofrecen es subir impuestos que nadie podrá pagar.
 Y si pensamos que dar prebendas a quien no las necesita  y contratos a quien no es absolutamente imprescindible y productivo  va en absoluto perjuicio de los verdaderos sufridores, discapacitados, dependientes, incapaces, enfermos y pensionistas, por lo que regalar esas montañas de dinero para las actividades más peregrinas y para el asiático lujo de algunos mandamases es absolutamente repugnante. Si vemos esto claro, y no soy un visionario, no debemos de caer en la trampa de “que nada cambie”. Hay que cambiarlo todo, reinventarlo todo, y negociarlo todo de nuevo. En caso contrario, les haremos el juego, y nos esforzaremos para que sigan con sus inoperantes estructuras, hasta que reventemos o desaparezcamos. Porque no hay posibilidad alguna de que con este enfoque, con este escenario y con estas premisas lleguemos a ningún sitio. Alargaremos la agonía, chapotearemos un rato más en la miseria y sólo retrasaremos algo el inevitable y trágico final.
A reflexionar.

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